Formación

La psicoterapia, en la visión de Claudio Naranjo, es un proceso de auto-conocimiento y expresión de sí mismo para la sanación de las relaciones y que es, necesariamente, una sanación sistémica y orgánica.

La Gestalt de Claudio Naranjo es viva porque es praxis: algo que aprendemos en vivo y que va más allá de una práctica técnica o clínica, es una forma de vivir, un proceso educativo y de ayuda espiritual. Su finalidad es ampliar la consciencia y restablecer una vivencia de plenitud. La terapia, como las tradiciones espirituales, conduce a la liberación.

Tiene una raíz apolínea reflejada en el proceso de conocer los propios mecanismos defensivos que constituyen nuestra personalidad rígida y robótica, y así recuperar nuestro potencial humano hacia la responsabilidad y la toma de decisiones. Y tiene una raíz dionisíaca en que la persona, expresando sus deseos, emociones e impulsos, recupera su libertad.

Ser terapeuta, en esta tradición, significa desarrollar la cualidad natural que tiene el ser humano de ayudar al otro. Una capacidad de ayuda que viene de su experiencia del amor, la benevolencia y la intuición. Es una capacidad natural y espontánea de “estar” con el otro, un desarrollo de la intuición que permite captar dónde está el otro y qué le pasa. El terapeuta es alguien que mantiene vivo su propio proceso de transformación. Es una persona que produce lo que Claudio Naranjo llama “un contagio de consciencia”.

Formar un terapeuta significa estimular la capacidad de comprender al otro, estimular la intuición y la compasión hacia el sufrimiento de los demás.

Comprender, en el sentido de percibir las “formas” de las experiencias, entender lo que le pasa al paciente y ayudarlo a desarrollar la capacidad interna de contener su propio sufrimiento y una nueva visión de sí mismo en el mundo.

Tres son los elementos básicos de esta formación: el autoconocimiento, la presencia y la compasión.

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